¿QUÉ OCURRE CUANDO EL SUBORDINADO ES QUIEN DELEGA A SU JEFE?
Siento que si es real, están real como su forma de vivir la realidad; Entonces.
Su trabajo como gerente lo tiene estresado. El tiempo no le alcanza. Va de reunión en reunión, sin tiempo para avanzar los temas pendientes. Y cuando consigue revisar los asuntos acumulados, aparece uno de sus empleados diciéndole: “tengo los presupuestos de las unidades para la instalación de un servicio” ¿Cuál escogemos?. Desganado, le responde “déjalos aquí, los revisarémás tarde”. Otros subordinados se acercan para quejarse acerca del área de contratos por la forma como se expresa, que según no cumple con dar la información correcta, el cual ocasiona un problema en el área de bienestar del trabajador. Usted lo tranquiliza y se compromete a hablar con el jede de contratos. Pero de inmediato, lo visita otro trabajador. Esta vez, el reclamo se debe a su computador está muy lento. Usted le promete hablar con el departamento de sistemas. Finalmente, entra el nuevo practicante para que revise su carta de reclamo al cliente interno y usted contesta una vez más: “Déjamelas luego la revisare”. Hasta ese momento su bandeja de correos pendiente creció enormemente, como también lo han hecho su nivel de stress. El dolor de cabeza dolor de ojos y el malestar estomacal. ¿Por qué se origina este problema?
William Oncken Jr. Describió esta situación en el artículo “quien tiene los monos”, Publicado en la revista Harvard Business Review. (Este autor define mono como aquella tarea que el subordinado podría desarrollar por su propia cuenta, pero que delega al jefe para que este la resuelva. En el caso anterior observamos como los subordinados desfilaban por la oficina de su gerencia depositando sus monos y dejándola como un zoológico).
¿Por qué aceptamos esos monos? Muchos Gerentes piensan, equivocadamente, que su función principal es resolver los problemas de su área. Su verdadero valor rol consiste en desarrollar y entrenar a sus empleados, de modo que ellos mismos puedan resolver sus problemas. Otro motivo por el cual algunos gerentes se llenan de monos, es porque, en el fondo, les gusta sentirse importantes, indispensable e necesarios. Si sus funcionarios los visitan continuamente con preguntas y consultas, sentirán que tienen poder; y es que esto es como una droga difícil de dejar, especialmente, cuando los afectados carecen de poder interno, es decir, de autoestima.
Cuando el jefe acepta monos, se torna en un corcho de botella de champan: sus colaboradores lo presionan cual si fuera burbujas, persuadiéndolo, para que resuelvan sus jefe es quien tiene que dar el siguiente paso, les es imposible hacerlo. Esto causa una enorme presión sobre el “jefe- corcho”, que pueda salir volando y estrellarse contra la pared es decir, sucumbir ante el estrés.
A pesar de su trabajo queda en suspenso, cuando trasladan sus monos al jefe, los empleados obtienen otros beneficios: al haber delegado su responsabilidad a otro tienen a quien culpar por la demoras y quien responda en caso el trabajo no salga bien.
¿Cómo arreglar este problema? Primero, debemos cambiar los esquemas mentales del jefe. Tiene que dejar de visualizarse como el “héroe salvador” del equipo. Debe entender que mejorar como líder cuando sus colaboradores si lideran a sí mismo.
Si su subordinado acostumbra, con frecuencias, dejar sus monos cada vez que se presenta problemas con otras áreas de la organización, simplemente devuélvales el mono y pídale que el mismo arregle el inconveniente. Deberá recurrir usted únicamente cuando haya agotado, todas las posibilidades. Para evitar los monos, defina por anticipado con los miembros de sus equipos que actividades o funciones deberán decidir por su cuenta y sin lugar a consulta. Trace un plan de desarrollo y entrenamiento para cada uno, de manera que les otorgue gradualmente mayor independencia.
Una vez, un hombre decidió orar a Dios para que lo ayude a ganar un sorteo. Todos los días lo imploraba: “Diosyo tengo fe.” sé que harás que gane la lotería. Lo necesito para dejar de una vez esta extrema pobreza. Pasaron algunos meses, al ver que su suerte no cambiaba peses a sus múltiples oraciones, el hombre, muy molesto, reclamo a Dios: “ya esto cansado de esperar. No gano nada. Me has fallado”. En ese momento, se escucharon truenos y se vieron rayos partir el cielo, mientras que una estremecedora voz exclama. “escuche tus plegarias hasta el cansancio, pero lo mínimo que pudiste hacer era comprar, siquiera, un boleto de lotería”
Como este relato sugiere, siempre esperamos que la solución de nuestros problemas provenga de afuera, que sea otro que se encargue de resolverles. Evitar la delegación al revés solo depende de nosotros. Es nuestro deber dar el primer paso. Evitemos que nuestros seguidores nos atribuyan el rol de dioses. Debemos hacer que ellos mismos, progresivamente, dejen de necesitar nuestra ayuda.
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